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La sequía pone en jaque a la cosecha gruesa pero la situación aún es reversible

Diario LA OPINION DE PERGAMINO
9 DE ENERO DE 2012

La campaña agrícola en el Partido de Pergamino está bajo amenaza por la falta de lluvias. Los lotes de maíz son los más complicados por la escasez de humedad en su período más crítico y ya hay pérdidas irreparables. La soja, en tanto, aún tiene posibilidades de recuperarse, en la medida que llueva en los próximos días. El análisis del ingeniero agrónomo Daniel Lavezzari sobre este momento del campo.

 

DE LA REDACCION. La situación agropecuaria en Pergamino y gran parte del norte de la provincia de Buenos Aires pasa por momentos críticos; las bajas precipitaciones durante la estación primaveral y la sequía de los últimos 46 días, donde apenas llovió tres milímetros, han arruinado prácticamente la campaña del maíz y amenaza, si en breve las condiciones climáticas no cambian, con empezar a generar problemas serios para el cultivo de soja.

 

En la campaña 2011-12 se han implantado en el Partido entre 35 y 40 mil hectáreas de maíz de primera, un número ligeramente superior al de la campaña pasada, sin embargo, los resultados no han sido los esperados: hay un porcentaje de pérdida importante que ya en maíz es irreversible, por más que llueva en estos días, no hay vuelta atrás.

 

Para el cultivo del maíz se han invertido entre 450 a 500 dólares más IVA, por hectárea, para la implantación y la protección, sumados a los gastos de cosecha, el panorama económico es grave. “Hay una fuerte pérdida del potencial de rendimiento, es decir, las expectativas con las que sembró el productor, de acuerdo al manejo y la tecnología disponible. No solamente se perdieron las ganancias esperadas del cultivo, sino que también esos dólares que se invirtieron por hectáreas, que salieron del bolsillo del productor o que fueron obtenidos por un crédito”, afirmó el ingeniero agrónomo Daniel Lavezzari.

 

La causa de esta irreversibilidad en la situación del maíz se debe a la falta de precipitaciones en el período crítico de crecimiento, denominado inicio de panojamiento, al que los productores suelen llamar comúnmente etapa de floración. Durante esta fase tiene dos requerimientos que no le pueden faltar: humedad y nutrientes – dentro de los nutrientes, principalmente el nitrógeno-. Estos últimos, el productor los pudo aportar mediante la fertilización; en cambio, en áreas como esta, donde se produce maíz en secano, esa humedad necesaria debe venir de las precipitaciones, las cuales han sido excesivamente escasas.

 

La falta de lluvia ya lleva varios meses: durante septiembre se midieron 25 milímetros; en octubre 44 milímetros, una cantidad muy baja para la zona  en relación con años anteriores; en noviembre se registraron 92 milímetros y el 22 diciembre apenas 3 fue todo lo que llovió en el mes, prácticamente nada. La última precipitación de noviembre es del día 19, con 13 milímetros, es decir, que hace aproximadamente 46 días que no hay humedad. En este contexto, transitó el cultivo de maíz su periodo más crítico en cuanto a condiciones de agua.

 

Las posibles salidas ante esta situación de sequía son pocas: “El productor de Pergamino, que es básicamente un productor de granos donde la actividad ganadera está muy quieta, no tiene mucha alternativa, tiene que levantar lo que hay”; expresó Lavezzari. 

 

Sobre el particular el consultor ahondó en que “aquellos que tienen un establecimiento mixto agrícola –ganadero pueden empezar a balancear,  revisar lo lotes y sacar las cuentas necesarias para saber si conviene esperar la cosecha de granos, hacer un silo o hacer rollo y esto se lo traslada a la hacienda que tiene en el campo. Pero el problema es que la mayoría no dispone de esta alternativa: alrededor del 60% de la superficie agrícola del Partido de Pergamino no la trabaja el propietario, sino que la trabaja el contratista, a través de un contrato accidental por un año pagando una determinada cantidad de quintales fijos de soja, la moneda de cambio y, en este caso, el contratista no tiene otra posibilidad que levantar lo que hay en el campo”.

 

 

Soja

 

La situación de la soja es menos angustiante hasta el momento, porque todavía no está transcurriendo el periodo crítico de su crecimiento, es decir, la finalización de la formación de las vainas y el inicio de la formación y llenado de los granos. Actualmente, está en plena floración o en la etapa final de floración, por lo tanto, todavía tiene una semana, aproximadamente, para entrar en el período denominado crítico. 

 

De todas maneras, el margen sigue siendo pequeño para la producción de soja de primera: “La consecuencia más notable ante esta sequía es la falta de crecimiento y altura. En un año normal, en un lote de soja, los surcos están totalmente cerrados y no permiten ver la tierra; mientras que ahora, los surcos están abiertos y se ve el suelo, lo que denota el atraso y  la falta de crecimiento”, explicó Lavezzari, quien mostró su preocupación respecto a la realidad que vive el campo en la actualidad. A pesar de esto, desde el punto de vista de la afección seria del potencial de rendimiento como ocurrió con el maíz, la soja tiene tiempo para esperar precipitaciones; el problema es que estos inconvenientes no se arreglan con 20 ó 30 milímetros, sino lluvias más importantes, de 100 milímetros en lo que resta de este mes y que se prolonguen durante febrero. En cuanto a la soja de segunda,  por falta de humedad superficial no se ha podido sembrar prácticamente nada; el escaso 10%  que se pudo, se está secando.

 

Y como si fuera poco, los productores también deben lidiar con  las plagas que proliferan en estas condiciones climáticas: la oruga bolillera, que está instalada desde la primera quincena de diciembre y, la arañuela roja, que apareció la semana pasada o un poco antes de las fiestas, son las dos principales causales de daños, además de la falta de agua. Esta última plaga, que fue muy importante la campaña pasada, tiene como requerimientos: altas temperaturas, estrés hídrico y vientos; condiciones que en los últimos días se han conjugado excelentemente en la zona. Para contrarrestar los destrozos que causan, se están indicando tratamientos adecuados, porque es sumamente perjudicial para este cultivo.

 

Impacto económico

 

Todos estos inconvenientes generan un impacto sobre la economía local, que ya se empieza a sentir; aunque si llueve en los próximos días, la soja de primera puede llegar a amortiguar dicho impacto: esta, es el cultivo número uno en cuanto a área  de siembra, entre 130 y 140 mil hectáreas, es decir, cuatro veces más que la del maíz, además,  tiene un precio más alto y costos de implantación más bajos- con lo que se gasta en implantar una hectárea de maíz, se pueden en algunos casos hasta implantar dos de soja.

 

Sin embargo, Lavezzari aseguró que “el impacto se va a notar de cualquier manera. En esta zona ya ha habido malas experiencias cuando las cosas en el campo no funcionan bien: hay una retracción en los gastos, se frena la rueda de venta de maquinaria, la venta de camionetas y de autos, las inversiones inmobiliarias, etcétera. El problema que genera es que no hay dinero disponible para encarar la próxima campaña,  entonces las empresas proveedoras  tienen que empezar a financiar, porque la parte impositiva  y los costos fijos son gastos que requieren  de mucho dinero”.

 

Respecto a las medidas que deberán tomar los productores ante esta situación, Lavezzari comentó: “Será necesario sumarse a la emergencia agropecuaria. Ya están reunidas la comisión para la provincia de Buenos Aires, las organizaciones de productores y las comisiones locales. Yo creo que la emergencia para aquellos empresarios agrícolas que tienen cultivo de maíz ya está y, probablemente haya que pedirla para toda la producción de granos”. Sin embargo, en una situación de emergencia no hay grandes beneficios para el productor, sí lo puede haber cuando se declara el desastre; en este caso hay prórroga de impuestos. Hasta el momento, la situación es muy complicada.

 

La Opinion de Pergamino